Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor 5«¿Quién te ha dado, niño cruel, tal derecho sobre la poesía? Los poetas no somos seguidores tuyos, sino de las Piérides[5]. ¿Qué ocurriría si Venus quitase a la rubia Minerva sus armas, o si Minerva atizara las antorchas encendidas? ¿Quién admitiría que Ceres fuera la reina de los 10bosques escabrosos y que los campos se cultivasen por orden de la doncella que lleva la aljaba?[6], ¿quién equipararía a Febo, ilustre por su melena, con una afilada lanza, mientras que Marte, a cambio, tañe la lira de Aonia[7]? Grande es, niño, tu soberanía, y poderosa en extremo: ¿por 15qué, en tu ambición, aspiras a una nueva empresa?, ¿es acaso tuyo el mundo entero?, ¿son tuyos los valles del Helicón[8]?, ¿ni siquiera Febo dispone ya de su lira con seguridad? Cuando el verso primero de la recién estrenada página ha quedado escrito correctamente, he aquí que el siguiente hace flaquear mis fuerzas[9]. Y para ritmos más li20geros me falta tema adecuado: muchacho o muchacha que peine sus largos cabellos.»
No bien me había quejado, cuando abrió él su aljaba inmediatamente y escogió una flecha destinada a mi perdición. Curvó vigorosamente el sinuoso arco sobre la rodilla y dijo: «Toma, poeta, argumento para tus versos»[10].
¡Desgraciado de mí! Fue certera la flecha del famoso 25niño. Me abraso, y el Amor es el rey de mi corazón solitario.
