Metamorfosis
Metamorfosis Asà pues, cuando Eco vio a Narciso que vagaba por tierras apartadas y se enamoró de él, empezó a seguirle furtivamente, y cuanto más le seguÃa, más se abrasaba en la llama de su amor, como se incendia el fogoso azufre que se unta en la punta de las antorchas cuando se le acerca el fuego. ¡Ah, cuántas veces quiso acercársele con dulces palabras y dirigirle tiernas súplicas! Su naturaleza se opone a ello, y no le permite tomar la iniciativa; pero lo que sà le permite es esperar atentamente los sonidos, a los que responde con sus palabras.