Metamorfosis
Metamorfosis Casualmente el joven, que se había separado del grupo de sus fieles compañeros, exclama: «¿Hay alguien?»; Eco responde: «¡Alguien!». Él se asombra, y volviendo la mirada a todas partes, grita con voz potente: «¡Ven!»; ella le llama a él que la llama. Él mira tras de sí, y al ver que sigue sin venir nadie, pregunta: «¿Por qué huyes de mí?», y todas sus palabras vuelven a él. Él insiste y, defraudado, al no poder ver la imagen de esa voz, dice: «¡Aquí reunámonos!», y Eco, que nunca había respondido a un sonido con más placer, repite: «¡Unámonos!», y secundando sus propias palabras, sale del bosque y se dirige hacia él para rodear con sus brazos el ansiado cuello. Él huye, y huyendo le dice: «¡Quita tus manos, no intentes abrazarme! ¡Antes moriría que entregarme a ti!»; ella no contesta sino: «¡Entregarme a ti!». Despreciada, se oculta en los bosques, y avergonzada esconde su rostro tras las ramas, y desde entonces habita en cavernas solitarias. No obstante, el amor permanece clavado en ella, y el dolor por el rechazo sigue creciendo: la angustia que no la abandona va consumiendo sus miembros demacrados, la delgadez arruga su piel, y los humores vitales de su cuerpo se pierden en el aire; sólo quedan de ella la voz y los huesos. La voz permaneció, pero dicen que sus huesos se convirtieron en piedras. Desde entonces se oculta en los bosques, pero no se la ve en ningún monte, aunque todos la oyen: es el sonido, que vive en ella.