Metamorfosis
Metamorfosis Las últimas palabras las dijo Narciso mirando al agua una vez más: «¡Ay, muchacho vanamente amado!», y el lugar le devolvió todas las palabras; y cuando le dijo: «¡Adiós!», Eco lo repitió. Extenuado, dejó caer su cabeza sobre la verde hierba, y la noche se cerró sobre sus ojos, que aún admiraban la belleza de su propio dueño; y aun después de haber llegado al mundo infernal, siguió mirándose en las aguas estigias. Lloraron por él sus hermanas las Náyades, que se cortaron el cabello como ofrenda funeraria, le lloraron las Dríades[21], y Eco repitió sus lloros. Y ya estaban preparando la pira, las antorchas parpadeantes y el féretro, cuando vieron que su cuerpo ya no estaba: en su lugar encontraron una flor con el centro amarillo, rodeado de pétalos blancos.