Metamorfosis
Metamorfosis Cuando este suceso se vino a saber, proporcionó al adivino Tiresias merecida fama en todas las ciudades de Acaya, y su prestigio se hizo grande. Sólo había un hombre que, a pesar de todo, le menospreciaba: Penteo, hijo de Equión, que despreciaba a los dioses y se reía de los vaticinios del anciano, burlándose de la desgracia que le había hecho perder la vista. Entonces Tiresias, sacudiendo las canas que cubrían de blanco sus sienes: «¡Qué bueno sería para ti que también te vieras privado de la vista», dijo, «y que no pudieras contemplar los ritos báquicos! Porque vendrá un día, no muy lejano según puedo augurar, en que llegará aquí un nuevo dios, Líber[22], hijo de Sémele; y si no le veneraras construyendo templos en su honor, tu cuerpo desgarrado será esparcido en mil pedazos, y tu sangre manchará los bosques y manchará a tu madre y a sus hermanas. Eso es lo que ocurrirá, porque, en efecto, no honrarás a la divinidad, y entonces sentirás que yo, desde esta oscuridad, haya podido ver tanto».
Penteo hizo que le echaran sin dejarle terminar. Pero la realidad siguió a las palabras, y la predicción de Tiresias se cumplió. Baco llegó, y los campos resonaron con los aullidos de sus rituales; la muchedumbre corre, y todos, hombres, madres y jóvenes esposas, nobles y plebeyos, se unen a los nuevos ritos.