Metamorfosis
Metamorfosis Se hizo de día; Pandión estrecha la diestra de su yerno, ya listo para partir, y le encomienda a su compañera de viaje con lágrimas en los ojos: «Te entrego a ésta, querido yerno, porque me obliga un motivo de afecto, porque así lo han querido las dos, y porque también lo has querido tú, Tereo. En nombre de la lealtad y de nuestra parentela te suplico, te ruego por los dioses que mires por ella con el amor de un padre, y que para mi tranquilidad me envíes de vuelta cuanto antes, pues toda espera será larga para mí, a este dulce consuelo de mi vejez. ¡Y también tú, Filomela, si me quieres un poco, regresa cuanto antes a mi lado, pues ya es bastante que esté lejos tu hermana!». A la vez le hacía estas recomendaciones y le daba besos a su hija, y entre uno y otro encargo le caían tiernas lágrimas. Como señal de compromiso pide a ambos que le den su mano derecha, y cogiéndolas las estrecha entre las suyas, les ruega que saluden a su hija y a su nieto ausentes, a los que recuerda, y con la voz rota por los sollozos apenas consigue decirles el último adiós, atemorizado por los presagios que alberga su corazón.