Metamorfosis
Metamorfosis Cuando vieron que se disponían a arrojar sus lanzas de afilada punta contra el joven hemonio[16], el miedo abatió la mirada y el ánimo de los pelasgos[17]. Ella misma, que era la que le había hecho invulnerable, sintió miedo, y al verle allí, un joven solo amenazado por tantos enemigos, palideció y se sentó, helada, sintiéndose de repente sin sangre en las venas. Por si acaso no valían de mucho las hierbas que le había dado, entonó un conjuro suplementario y recurrió a sus artes secretas. Él arroja una pesada piedra en medio de sus enemigos, y aparta de sí el combate, haciéndolo recaer sobre ellos mismos: los hermanos terrígenas mueren por sus propias heridas, y quedan exterminados en una guerra civil. Los aqueos felicitan y agarran al vencedor, y se agolpan a su alrededor ansiosos por abrazarle. También a ti, extranjera, te gustaría abrazarle, pero el pudor reprime tu deseo. Y le habrías abrazado, pero te frena el cuidado por tu reputación; limitándote a lo que te está permitido, te alegras con callada emoción, y das gracias a los conjuros y a los dioses que los ponen en acto.