Metamorfosis
Metamorfosis Las madres y los ancianos padres de los hemonios hacen ofrendas por el regreso de sus hijos y derriten sobre las llamas puñados de incienso, y las víctimas de cuernos vendados de oro, ofrecidas en los sacrificios, caen muertas. Pero Esón, cercano ya a la muerte y agotado por los años de la vejez, no se encontraba entre los que rendían gracias a los dioses. Entonces el esónida dijo así: «Oh esposa, a quien reconozco que debo mi salvación, que me lo has dado todo, que excedes con tus méritos lo creíble: si son capaces de esto, ¿y de qué no son capaces los conjuros?, ¡quítame a mí unos años, y cuando me los hayas quitado, añádeselos a los de mi padre!». Y no contuvo sus lágrimas. Medea se conmovió ante la bondad de sus ruegos, y el recuerdo de Eetes abandonado se presentó por un momento en su mente, tan diferente; sin embargo, sin revelar ese sentimiento, dijo: «¿Qué iniquidad, esposo, es la que ha salido de tu boca? ¿Es que te parece que yo puedo traspasar una parte de tu vida? Ni Hécate lo permitiría ni es justo lo que pides. Sin embargo, intentaré hacerte un regalo mayor aún que el que me pides, Jasón. Con mi magia trataré de renovar la edad de tu padre sin usar tus años, siempre que la diosa triforme me asista con su presencia y apruebe mi enorme empresa».