Metamorfosis
Metamorfosis Deja a su izquierda la eolia Pítane y la estatua de piedra de un inmenso dragón, el bosque del Ida, donde Líber ocultó bajo la falsa figura de un ciervo al novillo que había robado su hijo, el lugar en que bajo una fina capa de arena está sepultado el padre de Córito[32], los campos que Mera[33] aterrorizó con sus inauditos ladridos, la ciudad de Eurípilo[34], donde a las mujeres de Cos les salieron cuernos cuando las huestes de Hércules se estaban retirando, y Rodas, isla sagrada de Febo, y los Telquines de Iáliso, de quienes Júpiter detestaba los ojos, que todo lo contaminaban tan sólo con la mirada, por lo que los sumergió bajo las aguas de su hermano. También dejó atrás las murallas de Cartea, en la antigua Ceas, donde un padre, Alcidamante, se admiraría de que una pacífica paloma pudiera nacer del cuerpo de su hija[35]. Después divisó el lago Hirie, y la Tempe de Cigno, donde de repente fue a habitar un cisne. Allí, en efecto, había llevado Filio, por orden del muchacho[36], unos pájaros y un fiero león a los que había domado, y cuando le ordenó que domara también un toro, lo había domado; pero, airado por el desprecio de que tantas veces había sido objeto su amor, se negaba a entregar el toro, que el otro le pedía como último regalo. Cigno entonces exclamó indignado: «¡Desearás habérmelo dado!», y se tiró desde un alto precipicio. Todos creyeron que había muerto; sin embargo, convertido en un cisne, se cernía en el aire sobre blancas alas. Pero Hirie, su madre, ignorando que se había salvado, se derritió en llanto y formó un lago que lleva su nombre. Cerca de allí se encuentra Pleurón, donde Combe, del pueblo de los ofios, huyó sobre alas temblorosas de las heridas que sus hijos querían infligirle.