Metamorfosis

Metamorfosis

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»¿Cuál era en aquellos momentos mi estado de ánimo? ¿Cuál podía ser, sino el de odiar la vida y desear compartir el destino de los míos? Allí donde se dirigieran las pupilas de mis ojos había gente tendida en el suelo, como cuando las manzanas podridas caen de las ramas, o como caen las bellotas cuando se sacude una encina. Allí enfrente puedes ver un alto templo con una larga escalinata: está dedicado a Júpiter. ¿Quién no ofreció inútil incienso en aquellos altares? ¡Cuántas veces mientras pronunciaban sus ruegos, el cónyuge por el cónyuge, el padre por el hijo, acabaron su vida sobre esos altares a los que rezaban, y en sus manos se encontró un puñado de incienso sin consumir! ¡Cuántas veces, mientras el sacerdote pronunciaba los votos y vertía vino puro entre sus cuernos, los toros conducidos a los templos cayeron sin esperar el golpe! Una vez, yo mismo estaba haciendo un sacrificio a Júpiter, por mí, por mi patria, por mis tres hijos, cuando la víctima emitió un espantoso mugido y se derrumbó de repente sin haber recibido golpe alguno, tiñendo con escasas gotas de sangre el cuchillo que estaba colocado debajo. Las entrañas, enfermas, también habían perdido las señales que indicaban la verdad y las respuestas de los dioses; también en las entrañas había penetrado el triste morbo. Vi cadáveres abandonados ante las puertas de los templos; ante los mismos altares, para que la muerte fuera todavía más odiosa, algunos oprimen sus cuellos con un lazo, ahuyentando con la muerte el miedo a la muerte, adelantándose al destino que se avecina. Los cuerpos son entregados a la muerte sin cumplir los ritos funerarios acostumbrados: de hecho, las puertas no bastaban para contener todos los funerales; o bien recubren el suelo, insepultos, o bien son confiados sin ofrendas a las altas llamas de las piras. Ya no se respeta nada: se pelean por las piras y queman en los fuegos de los demás. No hay nadie que llore, y las almas de hijos y maridos, de jóvenes y viejos, vagan sin que nadie vierta lágrimas por ellas, y ya no queda suficiente espacio en los sepulcros ni suficiente madera para las hogueras.


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