Metamorfosis

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El país del Etna ya acogía al fatigado Dédalo, y Cócalo[18], que había tomado las armas en favor del suplicante, era tenido por un hombre magnánimo. Y por fin, por mérito de Teseo, los atenienses habían dejado de depender del doloroso tributo. Se engalanan los templos y se invoca a la guerrera Minerva, a Júpiter y a los demás dioses, a los que se rinde culto con la sangre de las víctimas, llevando ofrendas y quemando incienso en los incensarios.

La fama vagabunda había esparcido por las ciudades argólicas el nombre de Teseo, y los pueblos que acoge la rica Acaya imploraban su ayuda cuando se encontraban en serio peligro: también Calidón[19] le pidió ayuda suplicándole con acongojados ruegos, a pesar de que tenía a un héroe como Meleagro.

La razón de sus súplicas era un jabalí, siervo y vengador de la irritada Diana. En efecto, cuentan que Eneo[20], en agradecimiento por la abundancia de un año próspero, había ofrecido en sacrificio a Ceres las primicias de las mieses, a Lieo[21] su vino y a la rubia Minerva el jugo de la oliva. El codiciado honor, tras empezar por los dioses agrícolas, llegó luego a todos los demás: dicen que sólo los altares de la hija de Latona, olvidada, se quedaron sin incienso.


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