Metamorfosis
Metamorfosis Una vez llegados allí, algunos de los hombres tienden las redes, otros les quitan las correas a los perros, otros siguen las huellas de las patas grabadas en el terreno, ansiosos por encontrarse con su propio peligro. Había un profundo valle en el que solían confluir los riachuelos de agua de lluvia: el pantanoso fondo estaba poblado de sauces flexibles, tiernas algas, juncos palustres y mimbres, y cañas pequeñas a la sombra de otras más largas. Ahuyentado de allí, el jabalí arremete impetuosamente contra sus enemigos, como el relámpago que se desprende cuando chocan las nubes. Los árboles quedan aplastados bajo su acometida, y el bosque arrasado resuena fragorosamente: los jóvenes gritan y aguantan con mano firme las armas vibrantes que tienden ante sí, dotadas de anchas puntas de hierro. Él embiste y dispersa a los perros a medida que hacen frente a su furia, y desbarata a la ladradora jauría con golpes de costado.