Metamorfosis
Metamorfosis Teseo, mientras tanto, tras haber cumplido su parte en la empresa común, se dirigía a la ciudadela de Erecteo, consagrada a la Tritonia. El Aqueloo[46], cuya corriente bajaba muy crecida, le cerró el camino y le obligó a detenerse. «Entra en mi morada», dijo, «ilustre cecrópida, y no te confíes al arrastre de las olas. Suelen arrastrar con gran estruendo pesados troncos y las rocas que encuentran a su paso. Las he visto llevarse altos establos cercanos a las orillas con el rebaño entero, y de nada les sirvió entonces a los bueyes ser fuertes ni a los caballos ser veloces. Este torrente, cuando las nieves se deshielan en la montaña también ha sumergido con el ímpetu de sus remolinos muchos cuerpos de jóvenes. Es más seguro que te pares a descansar hasta que el río fluya por su cauce habitual, hasta que el lecho vuelva a contener las aguas otra vez tranquilas».
El Egida asintió y respondió: «Haré uso, Aqueloo, de tu casa y de tu consejo»; e hizo uso de ambos. Penetró en una sala hecha de horadada piedra pómez y de áspera toba: el húmedo suelo estaba recubierto de blando musgo, y el techo abovedado estaba revestido de conchas alternadas con múrices.