Metamorfosis
Metamorfosis También a ti, hijo de Amiclas[18], te habría puesto Febo en el cielo, si tu triste destino le hubiese dado tiempo para ello. Pero sí eres eterno, pues eso sí fue posible, y cuantas veces la primavera repele al invierno y Aries sucede al lluvioso Piscis, tú surges y floreces en los verdes prados. A ti te amó mi padre más que a ningún otro, y Delfos, situada en el centro del mundo, se quedó sin su protector en la época en que el dios frecuentaba el Éurotas[19] y Esparta desprovista de murallas. Ya no le interesan la cítara y las flechas: olvidándose de sí mismo, no le importa llevar las redes, sujetar a los perros o acompañarte por las cumbres de una abrupta montaña, alimentando su amor con la constancia de la costumbre.