Metamorfosis
Metamorfosis Las piadosas matronas estaban celebrando la fiesta anual de Ceres, durante la cual, envolviendo sus cuerpos en níveos atuendos, llevaban como ofrenda coronas de espigas, primicias de sus cosechas, y durante nueve noches consideraban prohibido el contacto amoroso con los hombres. Entre aquella multitud se encontraba también Cencreida, la esposa del rey, que asistía a los sagrados misterios. Así pues, mientras en el lecho falta la legítima consorte, la nodriza, funestamente diligente, encuentra a Cíniras aturdido por el vino y le habla bajo un nombre falso de ese amor verdadero, alabando su belleza. Preguntada sobre la edad de la doncella, dijo: «Es igual a la de Mirra». Con la orden de conducirla a su presencia, regresó a la casa y le dijo: «¡Alégrate, pupila mía: hemos ganado!». La infeliz no podía alegrarse con todo el corazón, pues un mal presentimiento afligía su pecho; pero a pesar de todo se alegró, tanta era la confusión que reinaba en su mente.