Metamorfosis
Metamorfosis Era la hora en que todo está en silencio, y Bootes, inclinando el timón, había hecho virar su carro entre las estrellas de la Osa Mayor. Ella se encamina hacia el crimen. La luna dorada desaparece del cielo, nubes negras cubren las estrellas, que quedan ocultas, y la noche carece de su luz. Por primera vez escondes tu rostro, oh Icario, y también tú, Erígone, divinizada por tu piadoso amor hacia tu padre[29]. Tres veces su pie tropezó, avisándola de que regresara, tres veces el funesto búho le dio un mal agüero con su canto de muerte. Ella, sin embargo, sigue adelante, y las tinieblas y la oscuridad de la noche disminuyen su pudor. Con la izquierda lleva de la mano a la nodriza; con la otra, tanteando, explora el oscuro camino.
Y ya toca el umbral de la habitación, ya abre la puerta, ya es conducida dentro; entonces las rodillas empiezan a temblarle, como si se fueran a doblar, huyen el color y la sangre, y el valor la abandona mientras avanza. Cuanto más se acerca a su oprobio más se estremece, se arrepiente de haber osado, y le gustaría poder irse sin ser reconocida. Pero mientras vacila la anciana mano la arrastra, y al entregarla, acercándola al alto lecho, dijo: «Tómala, Cíniras, es tuya», y unió sus cuerpos malditos.