Metamorfosis

Metamorfosis

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El padre recibe en su lecho impuro a la carne de su carne, alivia su virginal temor y la conforta en su miedo. Tal vez también la llamó hija, debido a su edad, y ella también le llamó padre, para que nada le faltara al delito, ni siquiera los nombres. Encinta abandona el tálamo de su progenitor, llevando en el vientre nefasto la impía semilla, cargando con su culpa fecundada. El hecho se repitió la noche siguiente, y no fue ésa la última, hasta que por fin Cíniras, ansioso de conocer a su amante tras tantos concúbitos, acercando una lámpara vio a su hija y vio el crimen, y mudo de dolor desenvainó la espada que pendía de la pared.

Mirra huyó, y con el favor de las tinieblas y de la negra noche escapó a la muerte. Tras vagar por los vastos campos abandonó Arabia rica en palmeras y las tierras de Pancaya, y durante nueve meses erró sin rumbo, hasta que por fin, exhausta, se detuvo en la región de Saba[30]; apenas podía soportar ya el peso de su vientre. Entonces, sin saber qué pedir, indecisa entre el miedo a la muerte y la aversión a la vida, pronunció estas palabras: «Oh dioses, si es que hay alguno que se compadece de los arrepentidos, me he merecido un castigo, y no lo rechazo. ¡Pero, para no contaminar a los vivos con mi vida ni a los difuntos con mi muerte, expulsadme de ambos reinos y, transformándome, negadme a la vez la muerte y la vida!».


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