Metamorfosis

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Baco no se contentó con esto: abandonó incluso aquellos campos, y se dirigió con séquito mejor a sus viñedos del Tmolo[4] y al Pactolo[5], aunque en aquellos tiempos todavía no transportaba oro ni era codiciado por su preciosa arena. Allí se reúne su acostumbrada corte de sátiros y de bacantes, pero falta Sileno. Tambaleándose por los años y por el vino, fue capturado por unos campesinos frigios que lo ataron con guirnaldas y lo llevaron a la presencia del rey Midas, a quien el tracio Orfeo y el cecrópida[6] Eumolpo habían iniciado en los ritos orgiásticos. Tan pronto como reconoció a su amigo y compañero de culto, Midas ordenó festejar durante diez días con sus noches la llegada del huésped. Y ya por undécima vez el Lucífero había cerrado la retirada del sublime ejército de las estrellas, cuando el rey llegó feliz a los campos de Lidia y entregó a Sileno a su joven pupilo. El dios, feliz por haber recuperado a aquél que le había criado, concedió a Midas la facultad, grata pero inútil, de elegir su recompensa. Él, haciendo mal uso del regalo, dijo: «Haz que todo aquello que toque con mi cuerpo se convierta en rubio oro». Líber accedió a su deseo y le concedió ese don que le había de perjudicar, y sintió que no hubiese pedido algo mejor.




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