Metamorfosis
Metamorfosis Ceix piensa afligido en Alcíone, en los labios de Ceix no hay otra que Alcíone, y aunque es la única a la que añora, sin embargo se alegra de que no esté allí. También desearía poder volverse hacia las costas de su patria y dirigir los ojos hacia la casa por última vez, pero no sabe dónde se encuentra, tanto es el fervor con que el mar se agita vertiginosamente, todo el cielo permanece oculto bajo un manto de nubes negras como la pez, y el aspecto de la noche es doblemente oscuro. El mástil se rompe en pedazos bajo el choque de un torbellino de nubes, se quiebra también el timón, y una ola superviviente, orgullosa de su botín, combándose observa vencedora a las otras olas debajo de sí, y luego, con la misma violencia que si alguien arrancara al Atos[36] y al Pindo[37] de su base y los volcara enteros en el mar, cae de golpe, y a la vez con el golpe y con su peso sumerge el barco en las profundidades, y con él a gran parte de los hombres que, oprimidos por la mole de las aguas y sin poder subir a la superficie, pierden la vida. Algunos se agarran a partes y a pedazos rotos del barco, mientras que él, Ceix, con la misma mano con la que solía sujetar el cetro se sujeta a un fragmento de la embarcación, e invoca, en vano, ¡ay!, a su padre y a su suegro. Pero es su esposa Alcíone la que está más veces en su boca mientras nada: es su recuerdo el que le viene a la mente, y espera que las olas lleven su cuerpo ante los ojos de ella, y que su cadáver exánime sea enterrado por sus manos amigas. Cuantas veces las olas le permiten abrir la boca pronuncia mientras nada el nombre de Alcíone ausente, y también bajo las mismas aguas lo nombra en un murmullo. Cuando he aquí que una negra masa de agua se arquea por encima de las otras olas y se estrella, y al romperse sumerge su cabeza, hundiéndola en las profundidades. Esa mañana el Lucífero estuvo oscuro, tanto que no habrías podido reconocerlo, y puesto que no le estaba permitido abandonar el cielo, ocultó su rostro tras densas nubes.