Metamorfosis
Metamorfosis Así dijo; los compañeros, para apaciguar a la despiadada sombra, la arrancan de los brazos de su madre, para la que ya era casi el único consuelo, y, fuerte y desventurada y más que mujer, conducen al túmulo a la doncella, que se convierte en víctima expiatoria del cruel difunto. Consciente de sí misma, cuando la acercaron al sangriento altar y advirtió que preparaban para ella el feroz sacrificio, y vio a Neoptólemo[36] de pie, espada en mano, mirarla fijo a los ojos, dijo: «¡Sírvete ya de mi noble sangre! Yo estoy lista: tú, ¡húndeme la espada en la garganta o en el pecho!», y se descubrió a la vez el pecho y la garganta. «¿Acaso creéis que Políxena estaría dispuesta a ser esclava de alguien? ¿O que con este sacrificio vais a aplacar a alguna sagrada divinidad? Sólo me gustaría que mi madre no se enterara de mi muerte; es mi madre la que me preocupa y la que disminuye la alegría que siento al morir, aunque en realidad no debería llorar ella por mi muerte, sino por su vida. Pero vosotros, para que pueda ir libre a reunirme con las sombras estigias, manteneos lejos de mí, si es que es justo lo que pido, y no toquéis mi cuerpo de virgen con vuestras manos de hombres. Mi sangre será más grata para aquél, quienquiera que sea el que queréis aplacar con mi sacrificio, si es libre. Y si las últimas palabras de mi boca pueden conmover a alguien (pues es la hija de Príamo la que os suplica, y no la prisionera), devolvedle a mi madre mi cuerpo sin rescate, para que no tenga ella que comprar con oro el triste derecho de sepultarme, sino que le baste con sus lágrimas. Antes, cuando todavía podía, lo compraba también con oro». Así dijo, y la gente no podía contener las lágrimas, que ella, en cambio, contenía. El mismo sacerdote, llorando también y contra su voluntad, le clava el hierro desgarrándole el pecho que ella le presentaba. Desplomándose sobre la tierra cuando le fallaron las rodillas, conservó un intrépido semblante hasta el último momento, y también entonces, mientras caía, tuvo cuidado de cubrirse las partes que debía ocultar, salvando el decoro de su casto pudor.