Metamorfosis
Metamorfosis Cuando hubo rebasado estas islas, dejando a la derecha las murallas de Parténope[11] y a la izquierda el túmulo del melodioso Eólida[12] y los lugares infestados de aguas pantanosas, llegó a las costas de Cumas y al antro de la decrépita Sibila, y le suplicó que le condujera a través del Averno hasta la sombra de su padre. Ella, tras permanecer largo rato con la mirada clavada en el suelo, la levantó al fin, poseída por la presencia del dios, y dijo: «Grande es lo que pides, oh héroe excelso por tus hazañas, que demostraste la fuerza de tu diestra entre las armas y tu bondad entre las llamas. Pero no temas, troyano: obtendrás lo que pides, y conducido por mí visitarás el último de los reinos del mundo y el querido espectro de tu padre. Ningún camino le está cerrado a la virtud». Así le dijo, e indicándole una brillante rama de oro que había en el bosque de la Juno del Averno[13], le ordenó que la arrancara del tronco. Eneas obedeció, y vio el poder del terrible Orco[14], a sus antepasados y a la anciana sombra del magnánimo Anquises; aprendió también las leyes de aquellos lugares y cuáles peligros tendría que arrostrar en nuevas guerras. Después, avanzando con paso cansado por el sendero que tenía delante, alivia la fatiga conversando con su guía cumana.