Metamorfosis
Metamorfosis Ahora, oh Musas, divinidades que asisten a los poetas, reveladnos (pues vosotras lo sabéis, y no os traicionan los largos tiempos pasados) de dónde llegó a la isla rodeada por el profundo Tíber[41] el culto del hijo de Coronis[42], que se sumó a los cultos de la ciudad de Rómulo. En los tiempos antiguos una terrible pestilencia contaminó el aire del Lacio, y los cadáveres blanquecinos se descomponían, lívidos de podredumbre. Cansados de funerales, cuando vieron que de nada servían los intentos humanos, de nada el arte de los médicos, buscaron el auxilio divino; se dirigieron a Delfos, que se encuentra en el centro del mundo, y rogaron al oráculo de Febo que quisiera poner remedio con un salutífero responso a tanta miseria, y que pusiera fin a la calamidad que sufría una ciudad tan grande. Un temblor recorrió a la vez el lugar, el laurel y el carcaj que lleva el propio dios, y desde el fondo del santuario el trípode les devolvió estas palabras, llenando de pavor los corazones: «Lo que buscas aquí, romano, debiste haberlo buscado más cerca, y ahora búscalo más cerca. No es a Apolo a quien necesitáis para que alivie vuestro dolor, sino al hijo de Apolo. Marchaos con buenos auspicios y llamad a nuestro hijo».