Metamorfosis
Metamorfosis y, aunque no supo guiarlo, cayó en un grandioso intento.
Su padre, por su parte, afligido, había escondido su rostro crispado por el amargo dolor, y si hemos de creer lo que dicen, transcurrió todo un día sin sol. La luz la daban los incendios: para eso, por lo menos, sirvió tan magna catástrofe. En cuanto a Clímene, cuando hubo dicho todas las palabras propias de tan gran desgracia, vagó abatida y enloquecida por el dolor, arañándose el pecho, buscando primero los miembros exánimes y luego los huesos de su hijo, hasta que los encontró enterrados en una lejana orilla. Allí cayó de rodillas, y tras leer su nombre en el mármol inundó la tumba con sus lágrimas y la arropó con el calor de su pecho descubierto.