Metamorfosis

Metamorfosis

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era aquélla la época en que te vestías con pieles, como los pastores, y llevabas en tu mano izquierda un tosco cayado y en la derecha una flauta hecha de siete cañas desiguales. Y dicen que mientras te ocupaban los cuidados del amor y te aliviaba el sonido de tu flauta, tus vacas, sin guardián, entraron en los campos de Pilos[48]. Las vio el hijo de la atlántide Maya, y se las llevó, utilizando sus poderes para ocultarlas. Nadie se dio cuenta del robo, salvo un anciano bien conocido en aquellos parajes: en toda la región le conocían como Bato. Era el guardián de las tierras y de los herbosos pastos del rico Neleo, así como de sus manadas de caballos de raza. Mercurio temió que le delatara, y apartándolo con amable ademán le dijo: «Quienquiera que seas, buen hombre, si por casualidad alguien te preguntara por este hato, no digas que lo has visto; como recompensa, toma esta vaca bien cebada», y se la dio. Aceptándola, Bato le contestó con estas palabras: «Vete tranquilo, extranjero. Antes de que yo hable de tu robo, hablará esta piedra», y señaló la piedra. El hijo de Júpiter fingió irse, y luego regresó con una nueva voz y un nuevo aspecto, y le dijo: «Anciano, si has visto pasar unas vacas por este lugar, ayúdame y no guardes silencio sobre el robo. Te daré una hembra con su toro». Entonces el anciano, al ver que el premio se duplicaba, respondió: «Deben estar bajo esos montes»; y allí estaban. Rió el Atlantíada, y dijo: «¡Ah, pérfido! ¿Me traicionas conmigo mismo? ¿Conmigo mismo me traicionas?», y transformó su corazón perjuro en duro pedernal, al que todavía hoy llaman piedra de toque[49], y así persiste la vieja infamia en la piedra que nada ha merecido.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker