Metamorfosis
Metamorfosis Desde allí Mercurio había alzado el vuelo batiendo sus alas, y observaba desde el aire los campos de Muniquia, los arbustos de los jardines del Liceo y las tierras queridas a Minerva[50]. Casualmente, ése era el día en que, según la costumbre, jóvenes castas llevaban a la ciudadela de Palas, adornada para la fiesta, los incontaminados paramentos sagrados, en cestos coronados de flores que llevaban sobre sus cabezas[51]. El dios alado las vio cuando regresaban, y, abandonando la trayectoria recta, empezó a volar en redondo. Como un gavilán, ave rapidísima, que ha avistado las vísceras de un sacrificio y vuela en círculos, receloso, mientras los sacerdotes se agolpan alrededor del altar, pero no se atreve a alejarse y voltea agitando las alas, lleno de avidez y de esperanza, así el veloz dios de Cilene curva su vuelo sobre las cumbres del Ática y una y otra vez surca los aires.