Metamorfosis
Metamorfosis Aunque le resultaba odiosa, la Tritonia[54] se dirigió a ella brevemente con estas palabras: «Impregna con tu ponzoña a una de las hijas de Cécrope. Es necesario. Se trata de Aglauros», y sin decir nada más se marchó, despegándose del suelo con un golpe de su lanza.
La Envidia, siguiendo a la diosa con una mirada de soslayo, murmura algo entre dientes y se duele del futuro éxito de Minerva; luego coge su bastón, todo recubierto de espinos, y envuelta en una nube negra allí por donde pasa pisotea los campos en flor, abrasa la hierba y arranca las erguidas amapolas, contaminando con su aliento pueblos, ciudades y casas; por fin avista la ciudad de la Tritonia, que florecía llena de ingenios, de riquezas y de festiva paz, y casi no puede contener las lágrimas, al ver que nada provoca el llanto.