El cuarto poder
El cuarto poder —¡Qué le vamos a hacer, mamá! ¿No vale más que me lo diga ahora que después de casados? ¿No comprendes la vida de tormentos que pasarÃa unido a una mujer a quien no quisiera…? La pena que puede causarme en este momento, por grande que sea, no puede compararse a la que tendrÃa al saber que mi marido no me amaba. La pena entonces serÃa cada vez mayor hasta la muerte, mientras que ahora puede desaparecer o por lo menos calmarse… Acaso después que él se vaya, no viéndole en mucho tiempo le iré olvidando poco a poco…
—Es… que no se va —profirió confusamente la señora.
—Si no se va, paciencia… Procuraré no salir de casa, y asà no le veré.
—Es que… ¡hija de mi alma, tu desgracia es aún mucho mayor…! Gonzalo está enamorado de tu hermana.
Cecilia se puso aún más pálida, hasta dar en lÃvida, y guardó silencio.
Su madre le volvió a besar la mano con efusión. Después la trajo hacia sà y le cubrió de besos el rostro.