El cuarto poder
El cuarto poder —Perdóname que te esté martirizando de este modo… Por mucho que tú sufras, aún sufro yo más… Ayer por la tarde, tu hermana me lo vino a decir… Figúrate el susto y el dolor que habré recibido… Mi primer impulso fue ahogarla, porque es imposible que ella no tenga la mayor parte de la culpa… Me dio pruebas de que estaban ya hace tiempo en relaciones, me enseñó cartas… Luego, la falta de Gonzalo en estos dÃas, lo hacÃa todo creÃble. En cuanto estuve convencida de la traición, le dije lo que venÃa al caso, esto es, que yo no podÃa consentir que nadie hiciese burla de una hija mÃa, y que Gonzalo no pondrÃa más los pies en esta casa en toda su vida; que tan villano y tan infame era él como ella… Todo lo que se me vino a la boca. Pero esta mañana… esta mañana supe una cosa más horrible todavÃa… Supe que tu hermana ha llegado donde no puedo ni quiero decirte. No hay más remedio que casarlos, y cuanto más pronto… Ya sabes por qué me ha dado esta opresión que por poco me mata, ¡y más valiera que asà fuese…! Lo mismo tu padre que yo estamos cogidos, tenemos los brazos atados. Si no fuese asÃ, antes que consentir en ese matrimonio, me harÃan primero pedazos… La infamia que contigo ha usado ese hombre, me lo hace aborrecible ya para toda la vida… ¡SÃ, sÃ, para toda la vida! —añadió con acento iracundo.