El cuarto poder
El cuarto poder —SÃ, muy bien… y además tiene gusto para escoger pareja. ¡Caramba qué muchachas tan guapas se lleva usted siempre, señorito! Hace algunos meses le veÃa bailar siempre con una rubia… ¡hasta allÃ! Es hermana de un amigo mÃo… Pero hace ya tiempo que le veo bailar con otra muy salada que se llama Valentina, ¿verdad? Es una chica muy graciosa… ¡Caramba qué buen ojo tiene usted, señorito…! A esta Valentina la conozco un poquito… Hemos sido algo amigos en otro tiempo… ¿No le ha hablado alguna vez de mÃ… de un tal Cosme?
—No —articuló el joven, en quien comenzaban los sÃntomas de una abundante transpiración.
—Pues es extraño, porque éramos bastante amigos… ¡Como que hace tres meses estábamos para casarnos…! Pero, amigo, vino usted, señorito, y todo fue rodando.
Cosme habÃa pronunciado estas últimas palabras con voz temblorosa. Pablito sudaba gotas como avellanas sin sentir calor alguno. TenÃa el mismo temperamento de su glorioso padre, enemigo irreconciliable de las traiciones y emboscadas.