El cuarto poder
El cuarto poder Pero ¿dónde estaba ya Sinforoso? Después de correr buen trecho por la calle sin saber a dónde iba, el ayudante se vio precisado a dar la vuelta y entrar de nuevo en el café con el despecho y la ira pintados en el rostro. Tanto tiempo se pasó, no obstante, sin lograr tropezar con él, que al cabo concluyó por perdonarle. Satisfizo su agravio con arrearle un par de puntapiés en el trasero, cuando después de tres meses, le halló paseando en la punta del Peón. El hijo del Perinolo dio gracias al Cielo de haber librado tan bien.