La aldea perdida
La aldea perdida Sin embargo, un paisano que cruzaba á la sazón se enteró de lo que ocurrÃa en casa del tÃo Goro y le faltó tiempo para comunicarlo á las vecinas que ya se habÃan levantado. La noticia circuló como una chispa por el pueblo. Pocos minutos después se amontonaba delante de la casa del tÃo Goro un grupo bien compacto de mujeres deseando ver á Demetria y saludarla. Ésta se asomó al corredor y fué victoreada como un diputado. Pero sus amigas no se contentaban con esto: fué necesario que bajase y se dejase abrazar y besar por todas y cada una.
Mientras tanto Nolo, que sentÃa vergüenza entre tanta gente, se deslizó sin despedirse, prometiéndose volver en seguida por si algo ocurrÃa.