La aldea perdida

La aldea perdida

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Demetria abrazada á ella repetía con frenesí este sagrado nombre como si quisiera indemnizarla del tiempo en que no había podido dárselo. Manolín y Pepín saltaron de la cama en camisa y se abrazaron á sus faldas gritando de alegría. Demetria los cogió al fin y elevándolos del suelo los besó con arrebato infinitas veces. Dejándolos luego exclamó:

—¡Traedme mi vestido! ¡Traedme mi dengue, mi saya de estameña, mis corales!… ¡No quiero más estos trapos!

Y con tal ímpetu comenzó á despojarse de su rico traje que en vez de quitárselo lo desgarraba. La seda crujía entre sus dedos robustos de paisana. Al cabo entró en su cuarto y pocos instantes después salió vestida de aldeana. Nolo sintió latir su corazón con violencia y un rayo de alegría iluminó su semblante. La tía Felicia, sofocada por el llanto, no supo más que exclamar:

—¡Cuánto más hermosa estás así!, mi reitana.

Pero el tío Goro supo al fin encontrar en lo recóndito de su cerebro una sentencia adecuada.

—La verdadera hermosura, Felicia, no está en el cuerpo, sino en el alma.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker