Ifigenia
Ifigenia —… Bien… no es un ofrecimiento de palabra éste que voy a hacerte, no; es un deseo vehemente que quiero ver cumplido… ¡es un favor, ma mignonne, lo que voy a pedirte!… Óyeme: tanto Alberto como yo, queremos que te vengas con nosotros a Europa, y que te quedes en nuestra casa como si fueras nuestra hija, el tiempo que tú quieras: unos meses, un año, dos años… en fin, lo que tú quieras!… Dado el parentesco y la intimidad de mi familia con todos los Alonso, esta proposición que te hago es muy natural; yo querÃa a Antonio tu padre como si fuera mi hermano, y a ti te veo lo mismo que a una hija… Eugenia no puede tener inconveniente en que estés en mi casa por una temporada; ¡ella sabe lo mucho que me intereso por ti! Pasarás unos meses alegres, felices… ¡me acompañarás tanto, linda mÃa!… y yo te cuidaré y te divertiré mucho, mucho ¡ya lo verás! Allá conmigo, olvidas en un momento tous ces petits embétements que te tienen ahora triste!
Y esto lo fue diciendo poco a poco, en un tono musical de una delicadeza exquisita. Su voz, que parecÃa implorar algún favor, estaba en realidad llena de infinita compasión. Yo la sentà vibrar en lo más delicado de mi alma, y como dadas las circunstancias aquella bondad suave no hacÃa sino aumentar más y más mi dolor, con la voz temblorosa velada por el llanto le contesté: