Ifigenia
Ifigenia Tanto lograron interesar mi atención, que dejando al punto la emprendida obra de liquidación y particiones, tomé el autobiográfico paquete. Con él entre las manos me fui a instalar como acostumbro frente a los naranjos de la ventana, y allí, sentada en mi silloncito, me puse a leer.
A decir verdad, semejante lectura me proporcionó una agradable sorpresa, tanta, que leídas las primeras cuartillas, resolví inmediatamente reanudar mi olvidado relato de impresiones. Por esta razón he amanecido hoy ante mi escritorio, pluma en ristre, y con gran locuacidad de espíritu.