Las memorias de Mama Blanca

Las memorias de Mama Blanca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

De tiempo en tiempo llegaban visitas a Piedra Azul. Visitas que venían a almorzar, o visitas que venían a pasar algunos días. Estas últimas eran por lo común tíos, primos o amigos íntimos de Papá y Mamá, viejas amistades en suma, cuyos rostros familiares no llegaban a asustarnos. Pero ¡ay! las visitas que venían a almorzar. Aquello era terrible. Empezaban porque Evelyn nos bañaba y nos vestía a todas desde muy temprano, y después de recomendarnos varias veces muy severamente que no jugáramos con tierra, ni nos entretuviéramos en meter un pie dentro del barreño de beber las gallinas, para mayor seguridad acababa por encerrarnos en una gran pieza esterada, entre cuyos ámbitos nuestra limpieza quedaba firmemente garantizada. Allí, en la feliz ignorancia de lo que nos esperaba, dentro de unos pantalones que avanzaban con insolencia y candor hasta la orilla de las botas, y unas faldas tiesas y anchísimas mucho más cortas que los pantalones, tal cual si fuéramos un rebaño de azucareras o de compoteras invertidas, nos paseábamos con orgullo de un lado a otro. Por fin llegaban las visitas. Al divisarlas, corríamos todas a ponernos de espaldas en un rincón, la frente obstinadamente adherida a la pared, o nos cubríamos el rostro con los brazos cruzados y apretadísimos, en actitud de supremo pudor que nadie elogiaba. Mamá decía cantando y calderoneando más que nunca:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker