Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos En los días que a la entrada del rey siguieron, la historia se me escapa, o me escapo yo de ella sin sentirlo, más atento a cosas propiamente mías que a las de la colectividad. Cuando nuestro espíritu se fatiga del volar continuo por los espacios de la vida general, gusta de recogerse en sí; descansa en su nido, y se duerme con la cabeza bajo el ala de la propia existencia. Esto me pasó a mí; volviendo de la política, materia de la historia, encontré en mí el cuento de hadas, y en su deliciosa ensoñación hallé mi felicidad por el momento. Así, la poesía nos refresca y alivia el alma, resecada por la aridez de los hechos. Familiarizados estáis con los cuentos de hadas y gustáis de ellos aun sabiendo que son mentira. Pues el mío no lo es, aunque lo parezca; no lo es, aunque en su contextura veáis las formas más candorosas y sencillas de la literatura infantil. Voy a repetiros la vieja fábula. Erase…, o había en tal reino una linda pastora…, sólo que aquí no es pastora, sino costurera, una costurerita como los ángeles. Pues, señor: la pastora, digamos la modistilla, resultó que era princesita, nacida de una excelsa reina… sólo que en este caso no nació de una reina, sino de una duquesa… El núcleo del asunto es el mismo. Pues esta heroína de leyenda fue descubierta por vuestro servidor, y desde que la descubrí hice propósito de no descansar hasta restituir a la gentil criatura en su estado y posición legítima. Y aquí me tenéis a mí, pobre cajista de una imprenta, convertido a mi vez en héroe de cuentecillo caballeresco; aquí me tenéis, abocado a que el mejor día me sorprenda el descubrimiento de que también yo soy medio príncipe o príncipe entero.