Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos —¡Que viene! —exclamó Marcial con terror.
Y al punto guardaron los planos, disimulando su excitación, y pusiéronse a hablar de cosas indiferentes. Pero yo, bien porque la sangre juvenil no podía aplacarse fácilmente, bien porque no observé a tiempo la entrada de mi ama, seguí en medio del cuarto demostrando mi enajenación con frases como éstas, pronunciadas con ronca voz de mando: «¡La mura a estribor!…, ¡orza!…, ¡la andanada de sotavento!…, ¡fuego!…, ¡bum, bum!». Doña Paca se llegó a mí furiosa y sin previo aviso me descargó en la popa la andanada de su mano derecha con tan buena puntería que me hizo ver las estrellas.
—¡También tú! —gritó vapuleándome sin compasión—. ¡Pillete, zascandil! ¿Te has creído que estás todavía en la Caleta?
La zurra continuó en la forma siguiente: Yo caminando a la cocina, lloroso y avergonzado, después de arriada la bandera de mi dignidad, y sin pensar en defenderme contra tan superior enemigo; la señora detrás, dándome caza y poniendo a prueba mi pescuezo con los repetidos golpes de su mano. En la cocina eché el ancla, lloroso, considerando el desastroso fin de mi combate naval.