Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Pronto la puerta de la obscura cueva empezó a vomitar guerreros inflamados en bélico ardor. Corrieron por el patio en distintas direcciones, subieron la escalera, tomaron a bajar, y no pocos de ellos se acercaron al artesón, en quien veían los chicos nada menos que la representación genuina de nuestra querida y desgraciada madre España. Badoret, de improviso, impúsonos silencio, diciendo:
—Ahí viene; apártense todos, y abran paso a su grandeza. En efecto: el más grande, el más hermoso, el más gordo de aquellos guerreros, apareció en la puerta del subterráneo. Desde allí revolvió con orgullo a todos lados los negros ojos, y moviéndose despacio, arrastraba con elegantes ondulaciones el largo rabo. Contrajo el hocico, mostrando sus dientes de marfil, y rasguñó el suelo con majestuoso gesto. Anduvo largo trecho entre la turbamulta de los suyos, que con desdén miraba, y al llegar a mitad del patio vio aquel inusitado artefacto que teníamos dispuesto. Acercóse y estuvo mirándolo por diversas partes, sorprendido sin duda por su extraña forma. Muy por lo bajo, dije yo a Manalet:
—Este emperador tiene demasiado talento para meterse aquí.