Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Era Josefina, que, hallándose sola por largo tiempo en su casa, había bajado arrastrándose. A la vista de Siseta, me sobrecogió un temor inmenso, una angustia de que no puedo dar idea, y mi conciencia, que poco antes estuvo en sombras, me inundó de improviso con espantosas claridades. Un gran impulso de llanto se determinaba en mi interior; pero no podía llorar. Retorciéndome los brazos, golpeándome la cabeza, exclamé sin poder contener el grito de mi alma irritada:
—Siseta, soy un criminal. He matado al señor Nomdedéu. Soy una bestia feroz. El quería quitarme lo que yo guardaba para ti.
Siseta no me contestó. Estaba estupefacta y muda, y la extenuación, juntamente con el profundo dolor, la tenían en situación parecida a la estupidez. Josefina me miraba con espantados ojos, que me parecieron los ojos de su padre.
Anhelando arrojar lejos de mí las terribles imágenes que me acosaban, volvíme a Siseta y le dije:
—Siseta de mi corazón, ¿ha muerto Gasparó? ¡Pobre niño! Y tú, ¿cómo estás? ¿Te hace falta algo? ¡Hay! Huyamos de esta casa, salgamos de Gerona, vámonos a la Almunia a descansar a la sombra de mis olivos.