Dialogos III
Dialogos III —No es nada difÃcil de imaginar lo que digo —dijo él—. AsÃ, por ejemplo, si existiera el dormirse, y no se compensara con el despertarse que se origina del estar dormido, sabes que al concluir todo vendrÃa a demostrar que lo de Endimión[39] fue una fruslerÃa y en ningún lugar se cle distinguirÃa por el hecho de que todas las cosas tendrÃan su mismo padecimiento: quedarse dormidas. Y si todas las cosas se mezclaran y no se separasen, pronto habrÃa resultado lo de la sentencia de Anaxágoras: «Conjuntamente todas las cosas[40]». De modo similar, amigo Cebes, también si murieran todos los seres que participan de la vida y, después de haber muerto, permanecieran en esa forma los muertos, y no revivieran de nuevo, ¿no serÃa entonces una gran necesidad que dtodo concluyese por estar muerto y nada viviera? Pues si los seres vivos nacieran, por un lado, unos de los otros, y, por otro, los vivientes muriesen, ¿qué recurso habrÃa para impedir que todos se consumieran en la muerte?
—Ninguno en mi opinión, Sócrates —dijo Cebes—, sino que me parece que dices por completo la verdad.