La República
La República —Y por último —dijo— ¿no encuentras una tercera clase de bienes, como el entregarse a los ejercicios del cuerpo, el recuperar la salud, el ejercer la medicina o cualquier otra profesión lucrativa? Estos bienes, diremos que son penosos, pero útiles, y los buscaremos, no por sà mismos, sino por las ganancias y demás ventajas que nos proporcionan.
—Reconozco —dije— esta tercera clase de bienes. Pero ¿a dónde quieres ir a parar?
—¿En cuál de estas tres clases —preguntó— incluyes la justicia?
—Creo que en la mejor de las tres —respond×, en la de los bienes que deben amar por ellos mismos y por sus resultados los que quieren ser verdaderamente dichosos.
—No es esa —dijo— la opinión común de las gentes, que ponen la justicia en el rango de aquellos bienes penosos que no merecen nuestros cuidados sino por la gloria y las recompensas que producen, y de los que debe huirse porque cuestan demasiado.
II.—Sé —respond× que se piensa asà ordinariamente, y en esto se fundó TrasÃmaco para rechazar la justicia y hacer tantos elogios de la injusticia. Pero eso yo no puedo entenderlo, y precisamente debe ser muy torpe mi inteligencia, a lo que parece.