La República
La República —Y aun me parece que debemos prescribir el mismo método —dije yo— respecto a las demás ciencias, pues de no ser asÃ, ¿qué utilidad tendrÃamos como legisladores? XII. ¿Puedes recordarme aún alguna otra ciencia que pueda servir a nuestros planes?
—Ninguna viene ahora a mi memoria —dijo.
—Sin embargo —dije—, el movimiento, a mi parecer, no presenta una sola forma, porque tiene muchas. Un sabio podrÃa enumerarlas todas, pero nosotros sólo nombraremos las dos que conocemos.
—¿Cuáles son?
—La ya citada es la primera; la otra es la que corresponde a ésta —dije yo.
—¿Cuál es esa otra?
—Parece que los oÃdos han sido hechos para los movimientos armónicos —dije—, como los ojos para los movimientos astronómicos; y los pitagóricos dicen que estas dos ciencias, la astronomÃa y la música, son hermanas, y nosotros somos de su opinión; ¿no es asÃ, Glaucón?
—Asà es —dijo.
—Pues bien —dije yo—, como la labor es grande, les preguntaremos a aquéllos su opinión sobre estas cosas y algunas otras si es preciso, pero observando cuidadosamente nuestra máxima.
—¿Qué máxima?