La República
La República —Lo haré, si puedo —dije.
—Deseo saber cuáles son esos cuatro gobiernos de que hablabas —dijo.
—No tendré dificultad en satisfacerte —respond×, porque todos ellos son bien conocidos. El primero y más alabado es el de Creta y Lacedemonia. El segundo, que ocupa también el segundo rango en fama, es la oligarquÃa, gobierno expuesto a un gran número de vicios. El tercero, opuesto enteramente al segundo, es la democracia. En seguida viene la gloriosa tiranÃa, que aventaja a todos los otros tres gobiernos, como cuarta y postrera enfermedad que puede padecer un Estado. ¿Puedes nombrarme, si no, algún otro gobierno que tenga una forma propia y distinta de éstos? Porque las dinastÃas y los reinos venales y otros gobiernos semejantes entran como intermedios entre esos mismos de que hemos hablado, y no se hallan menos entre los bárbaros que entre los griegos.
—Efectivamente, se citan muchos y muy extraños —dijo.
II.—¿Sabes ahora —prosegu× que hay necesariamente otros tantos caracteres de hombres como especies de gobiernos; porque no creerás que las constituciones de los Estados procedan de las encinas o de las piedras,[4] sino de los caracteres mismos de los miembros que los componen, y de la dirección que este conjunto imprime a todo lo demás, por asà decir, al inclinarse?