Obras Morales y de Costumbres II

Obras Morales y de Costumbres II

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BLos atenienses celebran tres fiestas de la labranza: la primera en Esciro[469], en recuerdo de la más antigua de las siembras; la segunda en Raria[470], y la tercera al pie de la ciudad[471], en un lugar llamado Busigio[472]. Pero lo más sagrada de todas es la siembra y la labranza matrimonial para la procreación de los hijos. Muy bellamente Sófocles[473] llamó a Afrodita «fértil Citerea[474]». Por ello conviene que el marido y la mujer usen de esto, sobre todo, con cuidado, manteniéndose puros de compañías impías e ilegítimas, a fin de no derramar simiente de la que no sólo no desean que les nazca nada[475], sino que, incluso, si nace algún fruto, se avergüenzan de él y lo ocultan.

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Cuando el orador Gorgias estaba leyendo a los griegos en Olimpia un discurso sobre la concordia, un tal Melando dijo: «Nos da consejos sobre la concordia este hombre que no ha sido capaz en su casa de persuadirse a sí mismo, a su mujer y a su criada, a pesar de ser tres personas, Cpara mantener esa concordia[476]». Al parecer. Gorgias amaba a la criada, y su mujer estaba celosa de ésta. Es necesario, por tanto, que tenga su casa en buena armonía el que pretenda mantener unida una ciudad, una asamblea o unos amigos. Pues, por lo que parece, las faltas de las mujeres más que las faltas contra las mujeres pasan más desapercibidas a la mayoría de la gente.


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