Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Si, igual que el gato se irrita y enloquece, según se dice, con el olor de los perfumes, sucediera del mismo modo que las mujeres se irritasen y enloquecieran a causa de los perfumes, sería terrible que los hombres no quisieran privarse del perfume, sino que, por un breve placer suyo, las dejaran sufrir de esa manera. Así pues, cuando les suceden estas cosas a las mujeres, no porque sus maridos se den Dperfumes, sino porque se unen con otras, es injusto que, por un pequeño placer, se haga sufrir y se turbe con esto a las mujeres y que, como a las abejas[477] (que se cree que se irritan y luchan con los hombres que han tenido tratos con mujeres), no se acerquen los hombres a sus mujeres puros y limpios de compañías con otras mujeres.
Los que se acercan a los elefantes no se ponen vestiduras brillantes, ni rojas los que se acercan a los toros[478]. En efecto, los animales se enfurecen, sobre todo, con estos colores. Se dice que las hembras de los tigres, cuando son rodeadas de ruidos de tambores, enloquecen y se despedazan a sí mismas[479]. Así pues, puesto que de los hombres, algunos, si ven vestiduras escarlata o púrpura, lo soEportan muy mal, y otros se disgustan con los címbalos y tambores[480], ¿sería muy difícil que las mujeres se abstuvieran de estas cosas y no perturbasen e irritasen a sus maridos, sino que vivieran con ellos tranquila y agradablemente?