Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II El ateo no cree que los dioses existen, pero el supersticioso no quiere que existan, mas lo cree contra su voluntad, pues teme no creerlo, y, como Tántalo[855], si pudiera escapar de la piedra que pende sobre su cabeza a causa de su temor y lo atormenta, se alegraría y celebraría la condición de ateo por su libertad. Pero, en cambio, el ateo no participa en nada relativo a la superstición, mientras que el supersticioso, aunque por elección es ateo, es demasiado débil para pensar sobre los dioses lo que quiere.