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Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II En primer lugar, Sócrates[301], al recomendarnos que nos guardáramos de los manjares que nos invitan a comer cuando no tenemos hambre y de las bebidas que nos invitan a beber cuando no tenemos sed, no nos prohibía en absoluto el uso de estas cosas, sino que nos enseñaba a usarlas si las necesitábamos, acomodando su placer a nuestra necesidad, como los que en las ciudades convierten el dinero para los espectáculos en dinero para la guerra[302]. Pues el placer, provechoso en la medida en que es un elemento nutritivo, es útil a nuestra naturaleza y es preciso que, cuando tenemos todavía hambre, disfrutemos de los alimentos necesarios o de los alimentos agradables y no provoquemos, Eademás, otros apetitos, una vez que nos hayamos liberado de los usuales. Pues, por otra parte, así como para Sócrates[303] la danza era un ejercicio agradable, del mismo modo el hombre, a quien los pasteles y las golosinas le sirven de alimento y comida, sufre menos. Pero, cuando uno ha satisfecho las moderadas exigencias de su naturaleza y las ha saciado, debe guardarse, sobre todo, de esto, de tomar tales cosas. Y en estas cosas uno se debe guardar del amor a los placeres y de la glotonería, no en menor medida que de la vulgaridad y la ambición. Ya que éstas, con frecuencia, ayudan a convencer a la gente a comer algo, cuando Fno tiene hambre, y a beber, cuando no tiene sed, sugiriendo falacias completamente groseras y de mal gusto, en el sentido de que es absurdo no aprovecharse de la presencia de una cosa rara y cara, com o por ejemplo, de una ubre, de hongos de Italia, de tartas de Samos o de la nieve en Egipto[304]. Pues estas cosas, sin duda, nos inducen a 125Ahacer uso de lo que es famoso y raro, llevados por una vana reputación, como por un olor a carne asada, obligando a nuestro cuerpo a participar de ello, aunque no tenga necesidad, para poder contárselo a otros, y así ser envidiados por el disfrute de cosas tan difíciles de conseguir y tan singulares.