El corazĂłn delator
El corazĂłn delator Sin duda, debĂ de ponerme muy pálido, pero seguĂ hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba… Âży que podĂa hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso… , un sonido como el que podrĂa hacer un reloj envuelto en algodĂłn. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policĂas no habĂan oĂdo nada. HablĂ© con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecĂa continuamente. Me puse en pie y discutĂ sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecĂa continuamente. ÂżPor quĂ© no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecĂa continuamente. ¡Oh, Dios! ÂżQuĂ© podĂa hacer yo? LancĂ© espumarajos de rabia… maldije… juré… Balanceando la silla sobre la cual me habĂa sentado, raspĂ© con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecĂa sin cesar. ¡Más alto… más alto… más alto! Y entretanto los hombres seguĂan charlando plácidamente y sonriendo. ÂżEra posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oĂan y que sospechaban! ¡SabĂan… y se estaban burlando de mi horror! ¡SĂ, asĂ lo pensĂ© y asĂ lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonĂa! ¡Cualquier cosa serĂa más tolerable que aquel escarnio! ¡No podĂa soportar más tiempo sus sonrisas hipĂłcritas! ¡SentĂ que tenĂa que gritar o morir, y entonces… otra vez… escuchen… más fuerte… más fuerte… más fuerte… más fuerte!