El hombre de negocios
El hombre de negocios La mayoría de los muchachos se escapan de casa a los diez o doce años de edad, pero yo esperé hasta cumplir los dieciséis. No creo que me hubiera marchado, ni siquiera entonces, si no hubiera oído por casualidad a mi anciana madre cuando hablaba de que debía empezar por mi cuenta en el negocio de las tiendas de comestibles. ¡Una tienda de comestibles! ¡Solo de pensarlo…! Decidí marcharme sin tardanza para intentar meterme en alguna ocupación decente, dejar de bailarles el agua a los caprichos de esos viejos excéntricos y no arriesgarme a que al final acabaran por convertirme en un genio. Tuve un éxito rotundo en este proyecto a la primera, y cuando contaba dieciocho años más que cumplidos ya estaba haciendo grandes y beneficiosos negocios en el sector de la Propaganda Ambulante de Sastrería.