El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma
El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma —¡Extrañas! ¡Raras! ¿Por qué piensa asÃ? AquÃ, en el Sud, no somos nada mojigatos; hacemos lo que más nos gusta, gozamos de la vida y de todo el resto… ¿Comprende usted?
—Por supuesto —dije—. Por supuesto.
—Y, además, puede ser que este Clos Vougeot se suba un tanto a la cabeza, ¿sabe usted?… Un tanto fuerte… Usted comprende, ¿no?
—Por supuesto —dije—, por supuesto. Dicho sea de paso, señor, ¿no dijo usted, si he oÃdo bien, que el sistema que habÃa adoptado en reemplazo del famoso sistema de la dulzura es de una extremada severidad?
—De ninguna manera. La reclusión es obligadamente rigurosa; pero el tratamiento… quiero decir el tratamiento médico, es más bien agradable a los pacientes.
—¿Y es usted el inventor del nuevo sistema?
—No en su totalidad. Parte del mismo procede del profesor Tarr, de quien habrá usted oÃdo hablar seguramente; y mi plan contiene, además, modificaciones que, me complazco en decirlo, provienen del celebrado Fether, con quien, si no me equivoco, está usted estrechamente vinculado.
—Me avergüenza muchÃsimo reconocer que no he oÃdo jamás mencionar a dichos caballeros —repliqué.